Caminos para el nuevo año 2019

“Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino” (Mt 2,12).

Después de vivir la Navidad se abren para nosotros/as otros caminos, caminos nuevos. El encuentro con Jesús despierta la sed de recorrer caminos diferentes; son reflejo de que algo ha cambiado dentro de nosotros/as; ya no podemos seguir en la misma rutina gris de cada día. Después del encuentro con Jesús ya no vamos solos por la vida, su Presencia alumbra nuestros pasos, su Palabra orienta nuestro caminar.

• Caminos de la interioridad. Ahí están, siempre inexplorados, como una llamada. Se entra por la soledad, que no es aislamiento; por el silencio, que no es incomunicación. Cuando la sociedad tiende a imponer el ruido y la agitación, la soledad querida agranda el corazón, nos abre al otro. La soledad y el silencio es el espacio que llama cada día a Dios.

• Caminos de otra mirada. Para mirar la vida que nos envuelve y a menudo no la vemos. Para mirar como Jesús a cada persona, sin que su pasado, cualquiera que sea, nos lleve al juicio. Para mirar los acontecimientos sin endurecerlos, descubriendo la lucidez del Espíritu, que ofrece respuestas nuevas a los problemas de siempre.

• Caminos de liberación. Aprender cada día el arte de simplificar la vida, de desdramatizar, de reírnos de nosotros, para dejarnos habitar por lo esencial. Ayudando a liberarse a los demás, porque hay mucha gente atascada, a falta de escucha; porque hay muchas personas sin salida, con mucho peso encima, a falta del pan solidario, porque hay muchas personas culpabilizadas a falta de un anuncio liberador del evangelio de Jesús.

• Caminos de comunión. Donde cada uno tenga sitio, palabra y tarea. Cada persona es más, mucho más, de lo que muestra; lleva dentro un misterio de belleza, a imagen de Dios, donde puede dar la mano a otros para hacer cosas juntos, cosas sólidas, solidarias. Con audacia para afrontar proyectos ambiciosos en red con otras manos.

• Caminos de Jesús siempre nuevos, caminos de compasión. Siempre sorprendentes. Siempre tocados de belleza. Siempre en éxodo hacia los más pequeños, hacia los pobres. Sintiendo su mano amiga en nuestro hombro, para decirnos que siempre está con nosotros en los caminos del reino.

• Caminos de alegría y esperanza. “El corazón de todo hombre y de toda mujer alberga en su interior el deseo de una vida plena, de la que forma parte un anhelo indeleble de fraternidad, que nos invita a la comunión con los otros, en los que encontramos no enemigos o contrincantes, sino hermanos a los que acoger y querer”

Caminos de paz. “Paz a esta casa”. Jesús, al enviar a sus discípulos en misión, les dijo: «Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros» (Lc 10,5-6).

Dar la paz está en el centro de la misión de los discípulos de Cristo. Y este ofrecimiento está dirigido a todos los hombres y mujeres que esperan la paz en medio de las tragedias y la violencia de la historia humana. La “casa” mencionada por Jesús es cada familia, cada comunidad, cada país, cada continente, con sus características propias y con su historia; es sobre todo cada persona, sin distinción ni discriminación. También es nuestra “casa común”: el planeta en el que Dios nos ha colocado para vivir y al que estamos llamados a cuidar con interés.

La paz es como la esperanza de la que habla el poeta Charles Péguy; es como una flor frágil que trata de florecer entre las piedras de la violencia. Sabemos bien que la búsqueda de poder a cualquier precio lleva al abuso y a la injusticia. La política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, pero cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción».

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