De la mano de María, por Cristina Martínez Segura

Durante este tiempo de Adviento quiero bucear en mi interior, y desde lo más profundo de mi ser,  esperar al Señor repasando mi vida, mis sentimientos,  mis pensamientos y desde la contemplación,   esperar con amor. Y no he podido más que fijarme la Virgen  María, en la Anunciación  en el capítulo primero del Evangelio según San Lucas, 1,26-37“….vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús” “:…El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra ”, su respuesta fue sí: ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra  Ese sí a la voluntad de Dios, es el  que  Dios quiere para nosotros: abandonarnos en sus manos sin preguntar nada más. Si creo, si confío, si es la piedra angular de mi vida, las preguntas sobran, solo debemos acoger. En este tiempo de preparación  del nacimiento de Jesús, María es nuestro ejemplo, su fe, su confianza, su entrega.  Debemos prepararnos en este tiempo, meditar, orar y dejar que el Espíritu Santo nos vaya guiando. ¿Fue fácil la vida de la Virgen? Evidentemente no, huyó de Egipto, Simeón adelanta en Lucas 2:33-35 que  “a ti, una espada te atravesará el alma”. En Lucas 2:49 nos describe que  su hijo se perdió y dijo: ¿No sabíais que es preciso que me ocupe en las cosas de mi Padre? ” ¿Qué quiero aprender para mí? Sencillamente que ante los problemas y preocupaciones terrenales no desfallezcamos en nuestra fe porque nuestra mirada debe de estar en la eternidad, en la palabra de Jesús. Perdernos en  las dificultades terrenales es no aceptar la voluntad de Cristo. No aceptar su palabra. La Virgen pasó por muchas de nuestras dificultades, situaciones, y es por ello que es nuestro ejemplo ya que recibió la Palabra sin dudas, por su fe, con total liberta, porque Dios es el Señor de su vida. Cumplió perfectamente durante su vida, la voluntad de Dios por la alianza de amor con él, porque realmente sentía, vivía las palabras que dijo “he aquí la esclava del Señor”.

San Lucas escribe  que María guardaba la Palabra en su corazón: «María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón”. Ante las dificultades, ante las situaciones de la vida, ella  siempre callaba pero en silencio, en su corazón, su meditación era constante. Su vida como la nuestra es vivir en la esperanza en Cristo, en su palabra, y por eso es nuestro ejemplo, por su fe, su confianza ante cualquier contrariedad, ante lo que no entendía.

No debemos desfallecer. María  nos tiene que dar la fuerza, estemos en el momento que estemos, para decir Señor, te espero, eres el dueño de mi vida, hágase en mí según tu palabra.

Hay un momento que creo también nos debe ayudar mucho para reflexionar, para pedir al Señor  aquello que nos hace falta. Cristo siempre escucha. En las bodas de Caná, es la Virgen que de nuevo, llena de Espíritu Santo, llena de fe le dice a su hijo: “no tienen vino”.  Es María quien le dice ayuda, es la fe de María en Jesús, Hijo de Dios. Y el Señor, escucha siempre. Para ello, el camino es  tener fe, no dudar, saber que nos lo dijo, en Mateo 7:7 “pedid y se os dará”. Este Adviento me pregunto: ¿cómo es mi fe o quizá cómo está mi fe? ¿Realmente digo sin miedo, hágase en mí? María lo hizo, y su espera, su esperanza  fue durante  toda la vida como la nuestra. El anuncio del ángel después se quedó en silencio, no más palabras pero sin embargo el corazón de María, su espíritu confió en la palabra, y siguió hacia adelante, sabiendo que Jesús, su hijo era el Hijo de Dios. El sufrimiento a veces se presenta en la espera y debemos entonces cogernos más fuerte al señor y no dejar de alabarle.

Lucas 11,27-28 Pero Él dijo: Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan. En Este tiempo de Adviento, de espera y esperanza  pidamos a la Virgen que desde su corazón nos acoja para que, con su misma humildad, contemplación y caridad, nos dirijamos hacia Belén para postrarnos ante Jesús y darle nuestra vida. Nuestra vida terrenal sin la esperanza  se queda vacía, la esperanza en Cristo, en la Salvación,  que es el motor de nuestra vida. En este tiempo de reflexión preparemos nuestra alma en oración para acercarnos cada día más a Cristo, para crecer en caridad, entrega y servicio.  Que nuestra preparación de este Adviento sea para llenarnos más de Espíritu Santo pidiendo pobreza de Espíritu para  vencer nuestro egoísmo y como la Virgen totalmente despojados, totalmente entregados al Señor digamos: Señor  vienes, te esperamos, hágase en mí. Confío.

Acerca de Cristina Martínez Segura

Cristina Martínez Segura, es profesora superior de piano, estudios realizados en el conservatorio de Valencia y licenciada en derecho por la Universidad de Valencia. Durante 12 años fue profesora de piano de conservatorio y posteriormente decidió volver al derecho. Actualmente tiene una empresa y es asesora en nuevas tecnologías y profesora de protección de datos y privacidad en entidades públicas.

En el terreno espiritual ha publicado su primer libro con la Editorial Monte Carmelo, colabora en su blog y escribe pequeñas oraciones diarias. Asimismo ha formado un grupo de oración llamado Betania.

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