De su mano, por Cristina Martínez Segura

Es curioso cómo Cristo nos habla. Llevaba desde antes del inicio de la Cuaresma con este versículo Polvo eres y en polvo te convertirás (Gn3,19), buscando el sentido más profundo, incluso queriendo hacerlo mío, vivirlo. Y ahora ante esta situación que vivimos,  Cristo quiere que lo viva, que lo vivamos. No somos nada, somos frágiles y partículas insignificantes en el universo. Un soplido nos reduce a polvo. En este caso, un virus, que no vemos, que para nosotros ni existe pero va haciendo su camino, y se propaga.  Y reflexiono sobre mi vida, mi día a día con este acontecimiento que nos está paralizando. ¿Cómo lo vivo? ¿Cómo lo quiero vivir? ¿Qué me queda? Y os diré, quiero vivir alabando al Señor, entregándole mi tiempo, mi dedicación a los demás, mi trabajo. Quiero vivir estos días iguales, repetitivos e inciertos con paz, poniendo amor y paciencia antes que desesperación. Organizando el tiempo y sin dejarme  llevar por la apatía o por la obsesión de las noticias. Quiero vivir con y desde el Señor porque es quien me lleva, es quien me protege, es quien nos ama porque es nuestro Padre.  Y por ello quiero vivir estos días llenando mi espíritu de su amor, de su luz, de su sabiduría. Mi cuerpo es polvo, pero mi alma, es luz de su amor. Luz de su Espíritu.

Estoy encerrada, porque nos tenemos que quedar en casa  pero me siento libre porque para estar con el Señor no necesitamos nada, solo dirigirnos a Él, contarle nuestras preocupaciones y orar. Sí, porque la oración junto con la intercesión de María, nuestra madre, es siempre escuchada. Podemos sentir resignación, enfado por no entender la situación o cómo se ha llegado a ella. Pánico por lo que nos cuentan pero que nada de eso sea nuestro discurso sino que nuestro discurso sea siempre de acción de gracias, de esperanza, de paciencia. Y puede ser difícil este aislamiento en lugares pequeños, pero entonces solo podemos  que pensar  que tenemos casa, que podemos comer, que vivimos. Y como cristianos dando gracias al Señor en la adversidad.

» Y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. (Juan 15,6)». ¿y nos podemos preguntar cómo  dar fruto desde nuestras casas? Evidentemente que  es posible y eso espera el Señor.  Podemos profundizar nuestra relación con el Señor, podemos sentir su presencia en el silencio, en la soledad, podemos escucharle. “Señor habla que tu siervo escucha”. Desde nuestro aislamiento, podemos también sentirnos libres porque tenemos fe, porque somos hijos de Dios y desde esta creencia, crecer en confianza en medio de esta oscuridad pasajera. Pero todavía más, pasarán los días y daremos fruto sembrando paz en medio del desasosiego, tranquilizando en casa y abriendo las ventanas de la esperanza, escuchando y animando  a los que lo necesitan por teléfono. Rezando por los demás e intercediendo por aquellos que lo necesitan.   Daremos fruto aprendiendo y haciendo comprender que el Señor es el centro de nuestra vida y que con Él todo se puede.  Puede que alguno no vea a Cristo, no lo sienta ahora, pero os aseguro que está a nuestro lado, porque nos ama, porque no quiere nada malo para nosotros y porque nos escucha. No obstante dejémosle actuar, respetando su tiempo y así  podremos  ver su mano, y desde esta,  los frutos en muchos corazones endurecidos y en los nuestros mismos. Vivimos estos momentos en alabanza constante y en acción de gracias, porque el Señor es nuestro pastor, nuestro refugio. Es tiempo de conversión y reflexión.

Acerca de Cristina Martínez Segura

Cristina Martínez Segura, es profesora superior de piano, estudios realizados en el conservatorio de Valencia y licenciada en derecho por la Universidad de Valencia. Durante 12 años fue profesora de piano de conservatorio y posteriormente decidió volver al derecho. Actualmente tiene una empresa y es asesora en nuevas tecnologías y profesora de protección de datos y privacidad en entidades públicas.

En el terreno espiritual ha publicado su primer libro con la Editorial Monte Carmelo, colabora en su blog y escribe pequeñas oraciones diarias. Asimismo ha formado un grupo de oración llamado Betania.

Posts relacionados