Evangelio día a día. 2ª semana de Pascua

Lunes, 20 de abril

“El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios” (Jn 3, 5). 

Nacer es un acontecimiento único, pero también un proceso que crece cada día. Nacer del Espíritu en la Pascua de Jesús supone vivir adheridos/as a Él.

¿Quién nos regalará la sabiduría de mirar el mundo con nuevos ojos? El Espíritu de la Pascua puede hacerlo. Él tiene el arte de concebir en nosotros una nueva manera de concebir la vida. El Espíritu de Cristo Resucitado endereza nuestros pasos hacia la simplicidad del corazón, hacia el amor que nos reúne en una casa común y nos unifica en la mirada fraterna.

Ora la Palabra de cada día y deja que su Amor recree tu vida junto a la suya, en la suya. 

 Martes, 21 de abril

«Hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto» (Jn 3, 11)

¡Vivir con el corazón ensanchado! ¡Vivir con esperanza! ¡Vivir con sentido! ¡Vivir con una misión cada día! No basta con dejarnos llevar por la corriente. De lo que hemos visto en la mañana de Pascua, sea poco o mucho, tenemos que dar testimonio. Es hora de conjugar de una forma nueva nuestro tiempo, de recrear los espacios y las relaciones con la creación. Es hora de sentir el paso que damos, respirar sin ansiedad, disfrutar sin prisa, escuchar sin acosar. Es hora de hacer algo juntos.

Caminemos cantando con gozo y esperanza

Miércoles, 22 de abril

«El que obra la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios» (Jn 3, 21)

La verdad y la luz de la Pascua son un riesgo para nuestra vida acomodada y segura. Quien se acerca a Cristo Resucitado ve cómo se le trastocan los intereses: de mirarse constantemente a sí mismo, pasa a mirar lo que necesita el mundo. Andar en verdad conlleva riesgos. Pero si no hay riesgo, no hay descubrimiento de la luz. Si no nos arriesgamos a dejar atrás estilos de vida insolidarios para pasar a estilos de vida más fraternos, no hay Pascua. Ya lo decía el salmista hace siglos: Los que siembran con lágrimas, cosechan entre cantares.

Atrévete a pasar poco a poco de lo que tú quieres a lo que necesitan los que viven cerca de ti.

Jueves, 23 de abril

«El que Dios envió habla las Palabras de Dios porque no da el Espíritu con medida» (Jn 3, 34)

El termómetro de la auténtica intimidad con Dios lo marca el trato a la naturaleza, ese precioso libro en el que Dios nos habla y tiene dibujada su bondad y misericordia. ¿Sabemos leer el libro de la naturaleza? ¿Sabemos escuchar a Dios en la más pequeña de sus criaturas? ¿Sabemos sentir el aire sobre nuestro rostro? ¿Sabemos mirar y admirar los pequeños detalles que encontramos en el camino? ¿Sabemos vivir como hermanos? ¿Por qué no tratamos hoy de vivir con atención?

Si cruzamos despacio los paisajes descubriremos esos milagros que si vamos con prisa y apurados no veremos. Si nos hacemos capacidad, el Señor se hace torrente.

Viernes, 24 de abril

«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces…. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió» (Jn 6, 9. 11)

Dios es así, como un niño que, en su ingenuidad, da un paso al frente y pone en marcha el milagro de la generosidad. Siempre que se comparte aparece el milagro, se asoma la novedad de Dios en la tierra, se generan hombres y mujeres libres llamados también a compartir. Echa mano al bolsillo y colabora para paliar tanta hambre como hay en el mundo.  

“Pasar del consumo al sacrificio, de la avidez a la generosidad, del desperdicio a la capacidad de compartir, en una ascesis que significa aprender a dar, y no simplemente renunciar. Es un modo de amar” (Papa Francisco, LS 9).

Aquí estoy, Señor, en la mesa con mi pan partido. 

Sábado, 25 de abril

     SAN MARCOS, evangelista

“Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16,15)

La creación se resiste a ser dejada atrás por el hombre. En muchos casos ejerce la desobediencia pacífica. A pesar de nosotros, su resistencia nos recuerda que está ahí, esperando que nos maravillemos por tantas señales de vida. La creación recibe el mandato de Jesús de anunciarnos el Evangelio de la grandiosidad del canto de un mirlo, de la laboriosidad de una hormiga, de la fuerza del viento, del oleaje del mar.

Cada mañana la creación de Dios siembra semillas en nuestros corazones para que cambiemos de mentalidad.