La esperanza (I), por Santiago Bohigues

El Catecismo de la Iglesia Católica nos presenta la esperanza como  < la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo > (cf. CEC 1817).

La esperanza se manifiesta en el anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre, asume las esperanzas que inspiran las actividades buenas de los hombres, protege y sostiene del desaliento y del desfallecimiento, conduce en la alegría del amor sincero, dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna y nos preserva del egoísmo (cf. CEC 1818).

El cristiano es salvado en esperanza; vive el presente abierto a un futuro mejor. El futuro vale la pena, es la meta de mi peregrinar; el cristiano está en el mundo sin ser del mundo, camina como peregrino con visión de eternidad: < En esperanza fuimos salvados > (“Spe Salvi facti sumus” Encíclica de Benedicto XVI); < No os aflijáis como los hombres sin esperanza > (1 Tes 4, 13):

                     “[…] aceptasteis con alegría que os confiscaran los bienes, sabiendo que teníais bienes mejores y permanentes. No                             renunciéis, pues, a vuestra valentía, que tendrá una gran recompensa. Os hace falta paciencia para cumplir la voluntad  de Dios y alcanzar la promesa” (Hb 10, 34-36).

Cuando Dios se revela y llama al hombre, éste no puede responder plenamente al amor divino por sus propias fuerzas. Debe esperar que Dios le dé la capacidad de devolverle el amor y de obrar conforme a los mandamientos de la caridad; la esperanza es aguardar confiadamente la bendición divina y la bienaventurada visión de Dios.

El ser nuestro está sin cesar ante el presente insatisfecho: esto me hace salir a más, esto me mueve a la esperanza: “Sólo vivir de la fe oscura y verdadera, de la esperanza cierta, de la caridad entera” (San Juan de la Cruz). El poder transformador del Espíritu Santo nos hacer anticipar con esperanza la comunión plena con la Trinidad Santa[1]: “Se esperan las realidades futuras a partir de un presente ya entregado”[2],  “Volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría” (Jn 16, 22).

[1] Cf. CEC 1107.

[2] BENEDICTO XVI, Spe Salvi, Ed. Edibesa, Madrid 2007, p. 17.

Acerca de Santiago Jesús Bohigues

Santiago Jesús Bohigues es Director del Secretariado de la Comisión Episcopal del Clero de la Conferencia Episcopal Española.

Ha sido Doctor en Teología Espiritual por la Facultad del Norte de España, en Burgos. Igualmente, a lo largo de este tiempo ha sido vicario parroquial en las localidades de Muro de Alcoy, Cetla de Núñez, Alcocer, Benámer y Alginet así como párroco de Turís y Casinos.

Ha publicado 2 libros dentro de la Colección Mística y Místicos  en la Editorial Monte Carmelo: El corazón humano de Cristo e Itinerario de maduración de la vida cristiana.

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