La espiritualidad a lo largo de la vida. Madurez – Ancianidad, por Ignacio Husillos

Ignacio Husillos Tamarit, ocd, nos ofrece estas sabias reflexiones acerca de la espiritualidad en las distintas etapas de la vida.

Las iremos ofreciendo sucesivamente, según las edades. 

RESUMEN: Reflexión sobre la espiritualidad en las diferentes edades, estados y etapas de la vida, teniendo una mirada diacrónica y destacando algunos particulares en cada una de las edades.

 

PALABRAS-CLAVE: espiritualidad, edades de la vida, infancia, juventud, adultez, ancianidad.

 

1. ACLARANDO LOS TÉRMINOS

2. INFANCIA, JUVENTUD, MADUREZ, ANCIANIDAD

        2.1 Infancia

       2.2 Juventud

       2.3 Madurez

       2.4 Ancianidad

3. EL TEMA DE LOS ESCRITOS COMO FUENTE DE ESPIRITUALIDAD

       3.1 Escritos espirituales de niños

      3.2 Escritos juveniles de espiritualidad

      3.3 Escritos espirituales de madurez

      3.4 Escritos espirituales de la ancianidad (o ante la muerte)

CONCLUSIÓN


2.3 Madurez 

No es lo mismo madurez que el simple haber cumplido años. Los años cumplidos es un asunto de calendario que no podemos evitar: no se puede parar el tiempo y dejar de cumplir años, salir de los rigores del paso del tiempo (las arrugas en el rostro, los achaques que comienzan en el resto del cuerpo, etc., etc.) o cosas parecidas: eso pertenece al género literario y cinematográfico de la ciencia-ficción y al de aventuras juveniles (en busca del elixir de la juventud, en busca de la inmortalidad… y otras búsquedas utópicas similares).

 

La madurez hace referencia a una virtud más que a una edad concreta 14): se puede ser un joven maduro o un niño que demuestra más madurez que muchos adultos; y, al contrario, se puede llegar a la ancianidad siendo un auténtico crío, psicológicamente hablando, de modo que no se ha pasado por el proceso de maduración o este ha sido muy defectuoso 15).

 

Si la madurez es una virtud, entonces la adultez es haber cumplido años (ya se es adulto, antes no se era tal sino joven o niño, y luego ya no se será tal sino anciano) 16).

Por tanto, la madurez, en cuanto momento de la vida cargado de experiencia (en todos los ámbitos: en que se incluye la espiritualidad), requiere de un tratamiento que tenga en cuenta tal característica: todos entenderemos que no puede ser aplicada una espiritualidad juvenil, con sus rasgos y motivaciones propias, a una persona que viva en la madurez, ya que esta tendrá otras motivaciones totalmente diferentes a las que tuvo de joven y le moverán otros intereses y deseará alcanzar nuevas cotas en su vida espiritual, marcarse nuevas metas y objetivos… o sencillamente es que el Espíritu le lleva por nuevos caminos que desconoce y, por tanto, lo de joven ya no le sirve, ¡cuánto más lo de su niñez!, y aún tampoco se le puede aplicar las categorías propias de la ancianidad, pues no ha llegado su tiempo todavía: es maduro, no anciano; es maduro, no inexperimentado; es maduro, no un niño; es maduro y necesita que se le trate y se le tenga en cuenta como tal 17).

 

Si hay algo de verdad en que la niñez es pasajera y la juventud dura poco, podríamos decir la madurez es la edad del hombre o su estado que más se prolonga en el tiempo y que, en cambio, no es tenido en cuenta lo suficiente (desde el ámbito de la publicidad hasta el de las publicaciones religiosas: pareciendo que sólo existan los jóvenes y olvidando a los maduros, cuando resulta que son el motor de la sociedad y sobre ellos recae el mayor peso de su avance o retroceso).

 

De hecho, se puede captar en el ámbito de la espiritualidad que a veces se ha obviado la necesidad que las personas maduras tienen de buenas guías: autores espirituales de peso que les ayuden en su camino de madurez, ejemplos probados de caminos ya recorridos en la espiritualidad, buenos letrados que diría santa Teresa de Jesús, buenos escritos adaptados a sus circunstancias, etc. Si no hubiera existido ese vacío, nadie (ni santa Teresa ni san Juan de la Cruz, por aducir otro ejemplo) habría clamado contra los malos acompañantes espirituales que no saben acompañar a las personas maduras y, en consecuencia, no saben aplicar la espirtiualidad a esa edad de la persona en cuestión.

 

2.4  Ancianidad 

No es lo mismo decir ancianidad que personas retiradas, asilo de ancianos, etc. En la Biblia y, en concreto, en los libros sapienciales, hallamos expresiones que nos recuerdan la experiencia de los ancianos 18): experiencia de sí mismos y en relación con sus semejantes, como la de sentirse un cacharro inútil, no servir para nada, sentimiento de obsolescencia; o la de la pérdida de las facultades naturales (paulatina o acelerada) 19) , como en el caso de la primera lectura (Si 3,2-6.12-14) de la misa de la Fiesta de la Sagrada Familia: recuerda que cuando los padres chochean, los hijos no han que dejarlos aparte, porque han cuidado de sus hijos antes de tener conciencia y han soportado con paciencia todo su proceso infantil y juvenil de desarrollo, de modo que ahora que ellos están en sus manos (se dirige, pues, a los hijos de esos ancianos, a los que se supone ya maduros) no les hagan de menos, como cacharros inútiles, pues no lo son, sino que permanecen como sus padres, ahora ancianos, siendo siempre la ancianidad causa de gran veneración 20).

 

La imagen bíblica de que la canicie es corona de sabiduría no hace más que remachar esa misma intuición, ya que la persona anciana es el culmen de lo que puede dar de sí la humanidad (hasta aquí hemos llegado, ya no se puede pasar -con este cuerpo- más allá) y, visto así, tenemos en los ancianos la respuesta a cualquier pregunta que surja en los periodos anteriores (niñez, juventud y madurez) porque ya han pasado por todos ellos 21).

 

Y, con todo, el anciano no es un diccionario de preguntas y respuestas de la vida (aunque se le pueda preguntar casi cualquier cosa), sino que es en sí mismo un sujeto necesitado de una espiritualidad apropiada, de un saber envejecer, de un nuevo avance en las cotas de la paciencia (todo son achaques, facultades que van y vienen, más se van que vienen…), vidas antaño muy activas que se ven ahora reducidas al máximo en su actividad (pero hemos de estar atentos para que ‘actividad’ no signifique directa y simplísticamente ‘significatividad’: cuanto menos activo eres, menos significativo eres) y, en definitiva, nuevas situaciones que plantean nuevos retos en la vida de los ancianos.

 

¡Vivan los ancianos! es el nombre de una de las secciones o de las vías de la pastoral que inventó y promueve la Comunidad de San Egidio, movimiento laical posconciliar que se dedica a los pobres, a la paz, al ecumenismo… y también a la promoción y cuidado de los ancianos.

 

(Continuará…)


14 Cf. F. TORRALBA, Elogio de la madurez. Barcelona, Now Books, 2017; P. GUÉRIN, La madurez, un desafío espiritual, Madrid, Témpora, 2002.

15 Cf. B. J. GROESCHEL, Crecimiento espiritual y madurez psicológica, Madrid, Sociedad de Educación Atenas, 1987; A. BRUSCO, Madurez humana y espiritual, Madrid, San Pablo, 2002; W. VIAL, Madurez psicológica y espiritual, Madrid, Palabra, 2016.

16 A veces madurez y ser adulto resultan sinónimos; cf. D. RICHO, Cómo llegar a ser un adulto. Manual sobre la integración psicológica y espiritual, Bilbao, DDB, 1998.

17 Cf. S. ROS, Espiritualidad en mitad de la vida, Madrid, EDE, 2007; F. J. SANCHO, «Autobiografía espiritual en la madurez de la vida: Teresa de Jesús en sus cartas», en RevEspir nº 293 (2014), pp. 567-582. Ver A. GRÜN, La mitad de la vida como tarea espiritual: la crisis de los 40-50 años, Madrid, Narcea, 2007; ROHR, Caer y levantarse: una espiritualidad para la segunda mitad de la vida, Madrid, PPC, 2015.

18 Cf. J. R. FLECHA ANDRÉS, El Dios de los ancianos, Salamanca, Secretariado Trinitario, 2009.

19 Cf. J. M. FERICGLA, Envejecer. Una antropología de la ancianidad, Barcelona, Herder, 2002.

20 Leccionario I (19968), p. 34: «Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas».

21 Cf. FLECHA ANDRÉS, El Dios de los ancianos, pp. 84-85. Cita Si 25,3-6: «¡Qué bien sienta el juicio a las canas, a los ancianos el tener consejo! ¡Qué bien parece la sabiduría en los viejos, la reflexión y el consejo en los ilustres! Corona de los viejos es la mucha experiencia, su orgullo es el temor del Señor».

Publicado en: Academia.edu, La espiritualidad a lo largo de la vida
Ignacio Husillos Tamarit

 

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