Los Santos nos acompañan en verano (IV): San Agustín

28 de agosto: San Agustín (354-430)

Agustín de Hipona, africano, hombre de gran ingenio y corazón; incansable buscador de Dios, fuente de Verdad y Vida. Su madre Mónica le inculca el amor a Jesucristo y vela por la conversión del “hijo de sus lágrimas”. Después de andar por muchos derroteros, insatisfecho y cansado llega al encuentro definitivo con Dios.

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y Tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba…Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo… Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera, brillaste y resplandeciste, y pusiste en fuga mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed, me tocaste, y me abraso en tu paz”(Confesiones X,27).

Agustín, hombre siempre actual, sigue despertando nuestra sed de peregrinos, sed del Agua Viva, sed que sólo se calma en el encuentro con el Dios vivo.

LAS SEMILLAS DE SANTIDAD SEMBRADAS AYER FLORECEN HOY  

Y aunque todas las cosas sucedían como antes,
yo ya no era feliz, porque no estabas.
Hoy siento que hay en mí como un deshielo,
como una yema tímida que brota en el tronco invernal
como un temblor, como un presentimiento,
como un anteproyecto de alegría.
¡Te siento amanecer!  
Cristina White
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