Teresa de Jesús, Autora destacada en Editorial Monte Carmelo y Editorial de Espiritualidad

Esta semana queremos destacar la obra de Teresa de Jesús una de las Autoras Destacadas en la Editorial Monte Carmelo y en la Editorial de Espiritualidad (EDE)

Teresa nació en Ávila, el día 28 de marzo de 1515. En su casa aprendió a leer y escribir y desde muy niña se aficionó a la lectura, pasión que no la abandonaría ya en toda su vida. Entusiasmada por las lecturas del Flos sanctorum, primero quiere ser mártir y escapa a tierra de moros; fracasada la empresa, juega a ser monja en los jardines de su casa. Pasa este primer fervor, y la lectura de los libros de caballería la empujan a otros ideales y otro modo de vida bien distinto: la coquetería, las galas femeninas y el galanteo con sus primos, los únicos que tienen acceso a su compañía. Su padre —severo hidalgo de costumbres austeras— la interna en el convento de Santa María de Gracia, donde las agustinas educan a las jóvenes de la buena sociedad avileña. Aquí Teresa descubre otro mundo. Las religiosas sustituyen a primos y hermanos, los libros religiosos a los libros de caballería, la disciplina de un internado a la libertad del hogar.

La vida religiosa la atrae, pero al mismo tiempo la asusta. Más tarde, en su autobiografía, nos describirá en páginas maravillosas esta batalla que libra consigo misma. También aquí intervienen los libros. La lectura de las Cartas de san Jerónimo la ayudan a decidirse a entrar en el convento. Con la decisión ya tomada, Teresa vuelve a la casa paterna, y el panorama que encuentra la confirma en su decisión y en sus meditaciones. La familia se desintegra: sus hermanos parten para América; Rodrigo, su preferido, también.

El día 2 de noviembre de 1535 se escapa de su casa —su padre se opone rotundamente a su ingreso mientras él viva— e ingresa en el convento carmelitano de la Encarnación de Ávila. Teresa tiene veinte años y vivirá en este convento, salvo algunas ausencias, hasta 1562. En este largo período de tiempo la vida de Teresa pasa por tres etapas sucesivas. La primera, de 1535 a 1554, se caracteriza por su sincero fervor religioso y el culto asiduo a las amistades, a través del locutorio del convento; son dos cosas incompatibles que Teresa lucha inútilmente por compaginar. También en estos años aparecen, jugando un papel destacado, dos libros: el Tercer Abecedario, del franciscano Osuna, que para aquellos momentos confusos de su vida son una gran ayuda, y las Confesiones de san Agustín, que la ayudan a entregarse completamente a Dios, terminando con esta etapa de dudas y de indecisiones.

La segunda etapa, de 1554 a 1560, la vive Teresa entregada de lleno a la oración. Un caudal de gracias místicas inunda su alma y Teresa se asusta. Teresa busca luz y ayuda en sus confesores y en cuantas personas de prestigio pasan por Ávila. Unos se asustan más que ella misma, otros la recomiendan prudencia. Para poder examinar con más detención estos fenómenos le mandan que ponga su vida por escrito. De aquí nace el libro de su Vida, que será la primera obra importante que escriba. En 1560 Teresa tiene una visión del infierno que la afecta profundamente. Comienza la tercera y última etapa de su vida en la Encarnación. El deseo de salvar almas, el contrapesar de algún modo los males que el protestantismo causa a la Iglesia, sus ansias de una vida más perfecta, en un ambiente que ayude; todos estos deseos toman forma y se concretan en el propósito de una nueva fundación: San José de Ávila.

El 24 de agosto de 1562, Teresa inaugura este convento que, sin ella sospecharlo, será el primero de una larga serie. De 1562 a 1567, cinco años escasos, la Santa permanece en San José y, a petición de sus primeras hijas, escribe el Camino de Perfección, donde expone lo que ella piensa y desea que sea la vida en sus conventos; una especie de programa para su obra, aunque luego sea eso y mucho más.

En 1567 comienza su peregrinación fundacional. En 1567 funda en Medina del Campo; en 1568 en Malagón; este mismo año, unos meses más tarde, en Valladolid; san Juan de la Cruz, a quien ella había ganado para su obra en Medina del Campo, fun da, el 28 de noviembre, el primer convento de des- calzos en Duruelo. El día 14 de mayo de 1569 Teresa funda en Toledo; el 28 de junio del mismo año funda en Pastrana, presionada por los príncipes de Éboli; el día 1 de noviembre de 1570 inaugura en Salamanca su séptima fundación. El 25 de enero de 1571 inaugura la fundación de Alba de Tormes. El 9 de marzo de 1574 funda en Segovia, donde recoge a las descalzas de Pastrana, a quienes la Santa ha mandado venir, librándolas así de las absurdas exigencias de la princesa de Éboli que, después de la muerte de su marido, ingresó como carmelita en el convento fundado bajo su protección. El 24 de febrero de 1575 inaugura en Beas de Segura su primera fundación andaluza y conoce personalmente al P. Gracián, que será su mano derecha en los negocios de la Reforma, y con quien sintoniza perfectamente desde un principio. El 29 de mayo de este mismo año funda en Sevilla. En esta ciudad Teresa recibe a su hermano Lorenzo, que vuelve de las Indias con su hija Teresita, que hará las delicias de la Madre.

El año siguiente, 1576, va a ser un año clave para Teresa, la prueba de fuego para su obra. Este despegue espectacular de la Reforma teresiana despierta envidias, suspicacias, temores. La orden del Carmen reúne capítulo general en Piacenza (Italia), al que no es invitado ningún descalzo. Informado sola y tendenciosamente por los calzados, el capítulo decide la supresión de todos aquellos conventos fundados sin la autorización del general, el castigo de los superiores descalzos culpables y el confinamiento de la madre Teresa a uno de sus conventos, con la prohibición tajante de salir de él. La tormenta va in crescendo, aunque la presencia del nuncio Ormaneto, amigo de los descalzos, frene de momento sus consecuencias.

El día 18 de junio de 1577, muere Ormaneto y el día 30 de agosto del mismo año llega a Madrid el nuevo nuncio, Felipe Sega, lleno de prejuicios contra los descalzos. Él es quien califica a Teresa de «monja inquieta y andariega, desobediente y contumaz…». ¡Qué mal la conocía quien le informó! Teresa escribe: «Murió un nuncio santo, que favorecía mucho la virtud, y, así, estimaba los descalzos. Vino otro, que pare- ce le había enviado Dios para ejercitarnos en padecer» (F 28,2). Los superiores descalzos son destituidos de sus cargos, encarcelados o desterrados. Los descalzos reúnen capítulo en Almodóvar del Campo y el nuncio excomulga a todos los que participan en él.

La madre Teresa escribe a Felipe II pidiendo protección para sus descalzos; envía emisarios a Roma para que informen directamente al Papa de lo que está sucediendo para pedirle la separación jurídica de calzados y descalzos, como única solución viable para terminar con todos los conflictos. Durante estos años de persecución, 1574-1579, la Santa escribe incansablemente a todos sus amigos y aún tiene tiempo para atender los negocios de sus conventos y escribir su obra cumbre, Las Moradas— que redacta en un tiempo récord de seis meses—, y continúa escribiendo la historia de sus Fundaciones.

En 1580, la tormenta amaina, gracias a la protección del rey, Felipe II. Teresa comienza de nuevo su peregrinación fundacional. El 13 de febrero de 1580 sale Teresa de su convento de Malagón para dirigirse a su nueva fundación en Villanueva de la Jara. Todos quieren verla; los pueblos salen en masa a recibirla. Este mismo año de 1580, el día 29 de diciembre, inaugura su decimocuarta fundación en Palencia. El día 3 de marzo de 1581 se inaugura en Alcalá de Henares el capítulo de los descalzos, que tendrá una importancia decisiva para la Reforma teresiana. En mayo, Teresa funda el convento de Soria y de aquí se traslada a San José de Ávila, a donde llega el 6 de septiembre, y unos días después es elegida priora del mismo. En el mes de noviembre viene san Juan de la Cruz con el propósito de llevarse a la Santa para hacer la fundación de Granada. Es la última vez que se ven los dos santos.

El día 2 de enero de 1582 la Santa sale de Ávila para Burgos, que será su última fundación. Los nueve meses que le quedan de vida estarán llenos de sufrimientos y de pruebas de todo tipo. Cuando la fundadora llega a Burgos, se encuentra con que el arzobispo no admite la fundación, a pesar de la palabra dada, y su conducta, llena de contradicciones, pone a prueba la entereza moral de Teresa que lo supera todo y puede fundar, por fin, el día 19 de abril. El viaje de regreso no será mejor. Las prioras de Valladolid y de Medina del Campo, donde se detiene, la tratan ásperamente por desavenencias familiares y económicas. Para que nada falte a este final doloroso, cuando la Santa piensa retirarse y descansar en San José de Ávila, recibe la orden del P. Heredia, vicario provincial, para que se dirija a Alba de Tormes, donde la espera la duquesa. La Santa obedece. Llega agotada y enferma el día 21 de septiembre. El día 29 se ve obligada a guardar cama y el día 4 de octubre muere santamente.

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