Vivir desde nuestra debilidad, por Cristina Martinez Segura

Este tiempo de Cuaresma es propicio  para reflexionar sobre la debilidad. Para profundizar podemos centrarnos en la  Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 12, 7-10 “Hermanos: Por la grandeza de estas revelaciones, para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne ….. Tres veces le he pedido al Señor verme libre de él y me ha respondido te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad. Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

Nos cuesta mucho aceptar nuestras debilidades, aceptar nuestras pobrezas, sin embargo para crecer en el camino espiritual es necesario aceptarlas, reconocernos pobres y débiles y así es como dejamos que Cristo actúe en nosotros. Es en esas heridas, eso que tenemos en nosotros que hiere nuestro ego que Él viene para sanarnos, a purificarnos. También en las enfermedades, que si las aceptamos y vivimos desde Él, se viven de otra manera porque sabemos que nos sujeta.

Cristo nos quiere débiles porque si nos entregamos a Él, si nos aceptamos entonces es en esa debilidad que empieza a actuar. Cuanto más débil más podrá verse a Cristo en nuestra vida, porque  debemos tener claro que en caso contrario nos volvemos autosuficientes, consideramos que podemos hacer las cosas, y entonces dejamos a Cristo a un lado, apartado de nuestra vida espiritual para recibir nosotros la gloria por nuestros actos.

Aceptar nuestra debilidad puede resultar difícil  porque es en cierto sentido humillarse, humillar nuestro ego,   es remover nuestro interior y luchar con aquello que sabemos que llevamos, que nos hace pobres y nos cuesta reconocer. Nuestra debilidad puede ser la ira, el egoísmo, la seguridad, la envidia, la soberbia, los celos,  el odio, el daño que nos han hecho, el no querer perdonar, una enfermedad que no aceptamos, el rencor, etc.  Muchas veces creemos haber superado situaciones, sentimientos, pobrezas  pero a lo largo de la vida de nuevo se cruzan personas, nos encontramos ante situaciones en las cuales  el Señor nos ofrece una oportunidad para conocernos mejor, para aceptarnos tal como somos y avanzar en nuestro camino de unión con Él. Y así, tal como estamos,  es cuanto más actúa  Cristo, si le dejamos.  Hay dos posibilidad, no reconocernos pobres y entonces nuestro interior sigue llenándose de heridas, de sentimientos que no nos ayudan a crecer, o al contrario, dejarnos hacer por Él: “Señor reconozco mi debilidad, la hago tuya, te la entrego y quiero vivir con ella”.

Para ello, solo de Su mano podemos superar, purificar y aceptar nuestras debilidades, porque no somos nada sin Él.  Vivir la fe en gracia, es dejarse hacer por Cristo y sobre todo, dar Gloria al Señor por cada acontecimiento de nuestra vida, sea bueno o malo, ya que como Padre, quiere lo mejor para nosotros y es desde nuestra debilidad que quiere enseñarnos algo, quiere que sanemos algo, quiere que nos desprendamos de miedos para vivir desde Él. Es en nuestra propia debilidad y el sufrimiento donde   encontramos la grandeza del Señor porque así nos ama, así nos ha hecho, y despojados  de nosotros mismos, pequeños, frágiles y reconociendo a nosotros mismos esas debilidades o pobrezas, entonces Cristo nos coge, nos consuela, nos purifica y comenzamos a ser instrumentos suyos. Tenemos que tener claro que  la gracia también requiere nuestra colaboración para poder actuar, no hay  actuación de la gracia sino hay lucha por nuestra parte. La gracia viene a asumir nuestra lucha y no a hacer la lucha por nosotros.  Un buen ejemplo  sería cuando ante una situación, ante una persona, queremos perdonar pero no podemos. Es esa lucha interior nuestra, es esa intención de perdonar  pero al  mismo tiempo la imposibilidad humana de perdonar. Es entonces cuando actúa la gracia. Por tanto en estas luchas que  se producen en nuestro interior,  se trata de persistir, de mirar a Cristo en la cruz. Él  hizo suyas todas nuestras pobrezas y debilidades  por amor. Él sigue haciéndolo suyo, porque está vivo y a nuestro lado.   Seamos niños y dóciles para aceptarnos, perdonarnos , y querernos  en definitiva tal como estamos, tal como somos.  Este reconocer que sin Cristo no podemos es  la pieza clave para crecer espiritualmente, para que vivamos conscientes de que nos basta la gracia del Señor. Crecer,  es  entonces cogernos más fuerte al Señor, a su voluntad, a que haga en nosotros,  sin temor a juicios de los demás, a nuestros propios juicios, a nuestra vergüenza, a nuestras luchas y sin miedo a equivocarnos porque estamos en Sus manos.

Y abandonado en Él puedo reconocer que en mi debilidad está la fuerza porque reconozco mi temor de Dios, reconozco que es mi Señor.

Cristo es misericordia, nos ama en nuestras virtudes y en nuestras pobrezas, y cuando seamos conscientes, entonces estaremos viviendo de su gracia.Pidamos al Señor que nos conceda esta gracia de amar nuestra debilidad. Señor tú llevas mi vida, quiero crecer en mi camino espiritual, quiero crecer en unión contigo , por ello abro mi corazón para que actúes en mí, para recibir de ti la gracia de amar mis pobrezas, de amarme tal como estoy, tal como soy.  

Acerca de Cristina Martínez Segura

Cristina Martínez Segura, es profesora superior de piano, estudios realizados en el conservatorio de Valencia y licenciada en derecho por la Universidad de Valencia. Durante 12 años fue profesora de piano de conservatorio y posteriormente decidió volver al derecho. Actualmente tiene una empresa y es asesora en nuevas tecnologías y profesora de protección de datos y privacidad en entidades públicas.

En el terreno espiritual ha publicado su primer libro con la Editorial Monte Carmelo, colabora en su blog y escribe pequeñas oraciones diarias. Asimismo ha formado un grupo de oración llamado Betania.

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